Alguien dijo una vez, que en quien escribe convive un loco que “larga todo”, un arquitecto que organiza, planifica y estructura, un carpintero que talla, y un juez que da pautas, nos prohíbe, nos detiene, y nos anula. En el escritor de oficio trabajan los cuatro a la vez; en quien recién empieza es mejor separarlos, porque si el juez interviene desde el principio trabaría la escritura.
Berger, como escritor de oficio, tiene la capacidad de dialogar con nosotros. Nos permite identificarnos con determinadas situaciones o personajes de la historia, y, en efecto, trae a nuestra mente curiosos recuerdos. Nos sugiere, nos inspira, nos maravilla. En mi caso particular, siempre he interpretado, en “Aquí nos vemos”, un mensaje de incentivo. Ese incentivo es a escribir.
Debo admitirlo, aún soy una loca que estudia arquitectura y sigue un taller de carpintería, pero me abstengo de ser juez hasta el final. Simplemente espero la corrección que me enseñará a juzgar y a perfeccionarme, y, por lo tanto, como el autor lo expresa en el capítulo 8 ½ “Hoy corro el riesgo de escribir tonterías”…
“Escribe lo que descubras.
Nunca sabré lo que he descubierto.
No, nunca lo sabrás. Lo único que tienes que saber es si mientes o si tratas de decir la verdad, ya no te puedes permitir equivocarte en esta distinción…”